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07 July 2017

No, no voy a empezar con el rollo de HAL9000 jugando y ganando a SKYNET en un partida de GO. Intentemos ser serios, si es que eso es posible cuando se habla de Inteligencia Artificial (AI). Y es que lo primero que, desgraciadamente, se puede decir sobre la IA es que la mayor parte de la literatura contemporánea sobre IA no está realmente relacionada con IA. Como aquí estamos hablando de Banca, vamos a dejar la frase anterior en un amable suspenso y centrar el tiro en el tema que nos ocupa; tan solo quería avisar de antemano que trataré de no caer en los habituales tópicos.

 

La aplicación bancaria de la IA no está, afortunadamente, tan contaminada como en otros sectores, los computadores megalomaníacos del cine parecen más interesados en la guerra total con los humanos que en el dominio financiero global, lo que demuestra que no son tan inteligentes, después de todo. Por ello, es fácil ver el uso de las técnicas conexionistas, como el machine learning y las redes neuronales, en la lucha anti-bloqueo de dinero o la detección de patrones de comportamiento en los clientes sin percibirlo como una amenaza. Pero todo esto interesa al backoffice bancario ¿en qué manera puede la IA mejorar la experiencia de usuario?

 

Quizá los sistemas conversacionales, o chatbots,  sean la respuesta más obvia: interaccionar con nuestra app de banca a través de la voz. El problema es llegar a cubrir las altas expectativas del usuario medio. Con el lenguaje se da una paradoja sorprendente: las personas lo usamos constantemente pero sin ser verdaderamente conscientes de su complejidad. Por ejemplo, es habitual usar sinécdoques en conversaciones cotidianas, pero muy pocos hablantes son capaces de identificarlas como tales. O dicho de otra forma, hablamos… pero sin ser conscientes de cómo lo hacemos. Y como hablamos de esta manera semi-instintiva tendemos a pensar que hablar es fácil. Ahí está el error: hablar es extraordinariamente complejo, tanto que nos entendemos incluso cuando hablamos mal o de forma incompleta. Y eso es lo que le exigimos también a la IA, que sea capaz de hablar mal o de forma incompleta y entendernos.

 

Sin duda, asistiremos a un incremento de la capacidad de conversación de los ordenadores en el futuro; Alan Turing preveía en 1950 máquinas capaces de conversar a nivel humano para antes del 2000, predicción que confirmaba IBM hacia 1970. Sea como sea, ojalá que llegue pronto, este avance revolucionaría no solo la Banca sino toda nuestra experiencia de usuario humano.
 

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